Cero desperdicio: ¿cómo conservar la carne de pollo adecuadamente?

Tiempo de lectura: 3 minutos

El pollo es una de las principales proteínas de origen animal que se consumen en todo el mundo en todo tipo de recetas. Sin embargo, como el huevo y las salsas crudas, resulta en uno de los productos que más intoxicaciones alimentarias pueden causar debido a la proliferación de bacterias que desprende.

Estos problemas pueden provocarse si no se compra, almacena, cocina y consume de la forma correcta, por lo que es necesario saber cómo elegir y conservar este alimento. De hecho, la primera y esencial regla es que esta carne requiere sin excepción de temperaturas frías para su conservación. 

Si hablamos con exactitud, de acuerdo con la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la temperatura ideal para conservarlo en el refrigerador es entre 1 y 4 °C, mientras que en el congelador se recomienda que esté por debajo de los -18 °C. 

Para empezar… 

Para saber a primera vista que este se encuentre en buen estado, debes poner atención a su aspecto. Si su color es rosa, es adecuado, pero si el tono es grisáceo, aunque sea solo en alguna de sus partes, es mejor que no lo compres. Asimismo, debes evitar que te entreguen un pollo con la carne pegajosa o que desprende algún olor inusual, incluso si es ácido. 

Además, la Universidad Estatal de Míchigan recomienda que sea lo último que compres para mantener su frescura por más tiempo y si lo adquieres envasado, checa bien que el empaque no tenga fugas para evitar contaminar a otros alimentos mediante el escurrimiento del líquido que suele soltar.

Ya en casa…

Una vez en casa, procura evitar que la carne de pollo entre en contacto con otros alimentos manteniéndolo en un recipiente hermético separado de otros alimentos y en la parte más fría del refrigerador si no lo vas a utilizar en ese momento. De hecho, sería mejor que lo congeles. 

Para congelarlo lo mejor será cortarlo en piezas, pues aunque se puede congelar entero, es más recomendable hacerlo en porciones o piezas para ahorrar espacio, pero también para permitir que cada trozo se congele de manera correcta y eficiente.

Si vas a cocinarlo de inmediato, procura que tu cocción esté perfecta, de modo que no te encuentres con ninguna parte cruda que se encargue de repartir bacterias. Una vez preparada tu receta, debes consumirlo inmediatamente. Eso sí, el mayor consejo es NO LAVARLO, pues de acuerdo con el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, limpiarlo así antes de cocinar no mata las bacterias presentes en el mismo, sino por el contrario, contribuye a la contaminación de las superficies, utensilios y alimentos cercanos si es que estos líquidos salpican. 

Ahora, si te sobró un poco, puedes mantenerlo en la nevera hasta cuatro días sin que suponga un riesgo sea cual sea su preparación. Lo único que debes cuidar es no recalentarlo más de una vez. 

Esperamos que estos consejos te hayan servido mucho para cuidarte a ti y a tu familia de maneras fáciles pero puntuales, así como a evitar incrementar el desperdicio de alimentos. Como verás, no es complicado, solo es necesario tener en cuenta los detalles. ¡Sigue disfrutando de esta gran proteína de manera saludable!

Y tú. ¿cómo conservas el pollo?

Fuentes: El Universal, 20 minutos, Cocina Delirante, Mundo Deportivo

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