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CHIRIMOYA: PERLA DE LOS ANDES

La chirimoya es originaria de la zona tropical de Sudamérica, específicamente de los Andes centrales en los valles interandinos de Perú y Ecuador, aunque algunos autores incluyen también la zona andina de Chile y Colombia. Desde su zona de origen se extendió por América Central llegando hasta el Caribe. 

En la época colonial los conquistadores españoles la denominaron, “manjar blanco” por su dulzura y extendieron su consumo y cultivo hasta Europa, África y algunas regiones de Asia. Actualmente España se encuentra como el principal productor mundial de chirimoya.

La palabra chirimoya proviene del quechua chirimuya, que significa semillas frías. Cuenta con una pulpa refrescante y muy aromática, con sabor dulce ligeramente ácido. Algunos describen su sabor a una mezcla de piña y pera, en tanto otras descripciones dicen que es una mezcla de fresas, coco y plátano.

Tiene un gran valor vitamínico en las del grupo B, y cabe destacar que ninguna otra fruta fresca posee tan alto contenido de vitaminas B1, B2 y B6 como la chirimoya. También es fuente de vitamina C y de pequeñas cantidades de vitamina A.

Existen diferentes variedades de chirimoya, las cuales proceden de híbridos conseguidos a partir de la mejora de especies y se agrupan de acuerdo a la forma de la fruta.

En Bolivia:

En nuestro país la chirimoya es cultivada en los valles de los departamentos de La Paz, Chuquisaca, Santa Cruz, Potosí y Tarija, llegando a una producción aproximada de 7000 toneladas anuales, con una superficie aproximada de 1000 hectáreas.

El consumo de esta fruta se asocia a una serie de beneficios para la salud como el de regular la tensión arterial, fortalecer huesos y músculos, combate la anemia y favorece la digestión.

Articulo realizado en colaboración con MIGA Bolivia

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