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Comfort food: qué es y por qué nos resulta tan deliciosa

El término comfort food o en su traducción, “alimento reconfortante”, se remonta al menos hasta 1966, cuando el diario Palm Beach Post lo usó en una historia: “Los adultos, cuando están bajo un fuerte estrés emocional, recurren a lo que podría llamarse ‘alimento reconfortante’, alimento asociado con la seguridad de infancia, como el huevo escalfado de la madre o la famosa sopa de pollo”.

En pocas palabras, el comfort food podría describirse como toda aquella comida fácil de preparar, que es rica en sabor y alta en carbohidratos; que nos ayuda a sanar heridas físicas o emocionales. Por ejemplo, un pedazo de pastel de chocolate para una ruptura amorosa, el caldo de pollo para alguna enfermedad respiratoria o un té para el dolor estomacal.

Este movimiento resalta la nostalgia, sazón, sencillez e ingredientes económicos y fáciles de preparar. La nostalgia porque tienen que ser platillos relacionados con nuestro entorno y que tenga sabores familiares. 

Quizás te preguntarás ¿esta supuesta relación realmente existe?

Pues sí; el consumo de alimentos ricos en energía, altos en calorías, altos en grasas, sal o azúcar, como helados, chocolate o papas fritas, puede desencadenar el sistema de recompensa en el cerebro humano, que proporciona un placer distintivo o una sensación temporal de elevación y relajación emocional. Cuando existen condiciones psicológicas, las personas a menudo usan alimentos reconfortantes para tratarse a sí mismas. 

Un estudio dividió las identificaciones de alimentos reconfortantes de los estudiantes universitarios en cuatro categorías: alimentos nostálgicos, alimentos indulgentes, alimentos convenientes y alimentos reconfortantes físicos, con un énfasis especial en la selección deliberada de alimentos particulares para modificar el estado de ánimo o el efecto. El uso médico-terapéutico de alimentos particulares puede ser, en última instancia, una cuestión de alteración del estado de ánimo. 

La identificación de artículos particulares como alimento reconfortante puede ser idiosincrásica, aunque los patrones son detectables. En un estudio de preferencias estadounidenses, “los hombres prefirieron alimentos reconfortantes cálidos, abundantes y relacionados con las comidas (como carnes, guisos y sopas), mientras que las mujeres prefirieron alimentos reconfortantes que estaban más relacionados con refrigerios (como chocolate y helado). 

Además, las personas más jóvenes preferían más alimentos reconfortantes relacionados con los refrigerios en comparación con los mayores de 55 años”. El estudio también reveló fuertes conexiones entre el consumo de alimentos reconfortantes y los sentimientos de culpa.

Un artículo, “The Myth of Comfort Food”, afirmó que los hombres tienden a elegir este tipo de alimentos reconfortantes sabrosos porque les recuerdan que los mimaron. Por otro lado, sugirió que es más probable que las mujeres busquen alimentos poco saludables en momentos de estrés debido a una mentalidad más consciente del peso.

El consumo de alimentos reconfortantes se ve como una respuesta al estrés emocional y, en consecuencia, como un contribuyente clave a la epidemia de obesidad en los Estados Unidos. La provocación de respuestas hormonales específicas que conducen selectivamente a aumentos en la grasa abdominal se considera una forma de automedicación. 

Otros estudios sugieren que el consumo de alimentos reconfortantes se desencadena en hombres por emociones positivas y negativas en mujeres. El efecto del estrés es particularmente pronunciado entre las mujeres en edad universitaria, con solo el 33% informando opciones de alimentación saludable en momentos de estrés emocional. 

Para las mujeres específicamente, estos patrones psicológicos pueden ser desadaptativos. Sin embargo, estos estudios son aproximaciones, pero pueden variar mucho dependiendo el contexto.  

Un uso terapéutico de estos hallazgos incluye ofrecer alimentos reconfortantes o bebidas de “hora feliz” a pacientes geriátricos anoréxicos cuya salud y calidad de vida disminuyen con la ingesta oral reducida. 

Lo mejor es que cada lugar puede tener su propia definición de comfort food, según sus gustos culinarios o según sus preferencias. Por ejemplo, si el lugar es frío o seco posiblemente se prefiera una taza de chocolate caliente o todo lo contrario si se vive en una zona cálida. Al final, todos estos alimentos están orientados no solo a saciar el hambre también a confortar el alma y cada uno puede descubrir cuál es ese platillo que le ayuda en esos momentos difíciles.

Te invitamos a que puedas comentar lo que consideres un alimento o comida que te reconforta, sería interesante descubrir la influencia de la infancia y del hogar en nuestros placeres culinarios.

¿Ya tienes algo en mente?

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