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La mamá del tarwi: una crónica

La primera vez que escuché hablar de Mauge fue durante una desesperada búsqueda de tarwi por la ciudad. Ante la ausencia de la casera de la esquina de mi casa, y con la presión para encontrar tarwi de un día para el otro, empecé a preguntar a la gente a mi alrededor dónde podía encontrarlo. “Intenta el mercado de Achumani”. Nada. “¿Has ido al mercado de Obrajes?”. Vacío. “Vas a encontrar a alguien vendiendo en la calle”. No, nadie.

Unos días después, habiendo salvado la necesidad con otra leguminosa, seguía sin tener el tarwi, sin casera, sin dirección. “La Mauge hace el mejor ceviche de tarwi”, fue la frase que me hizo reaccionar durante un almuerzo en Aguacate. “Ella es la mamá del tarwi. Cuando estaba necesitada, me enseñó a hacer los galletones. Ella sabe cómo manejar el tarwi de todas las maneras posibles y también lo produce”, me contó Andrea Martínez.

Al parecer, la mejor manera de encontrar tarwi de calidad era mediante una persona. “No siempre se encuentra, pero yo tengo mis amiguitas, te puedo estar pasando sus contactos” dice entre risas la Mauge.

Maria Eugenia Galarreta Tarqui, nacida en la periferia de La Paz, vivió toda su vida en El Alto hasta que se le dio por conocer el mundo y se fue por Perú y Ecuador. Conoció el cevichocho (ceviche de chocho, otro nombre del tarwi) en Ecuador y se enamoró de él. De vuelta en Bolivia, se fue a vivir a Copacabana, donde encontró cultivos de chuchusmuti y su comercialización en el mercado cercano a la plaza principal. “Es como comer una tucumanas o una salteña a media mañana. La gente come tarwi en vez de eso en el campo”.

Un día, sin pensarlo, se vio involucrada en la realización de un documental, donde mostró a las personas que se dedican al lavado (el proceso de quitar lo amargo), a una comerciante y a un médico naturista. “El tarwi es un alimento nutracéutico, sirve tanto para alimentar como para curar”, dice María Eugenia. “El tarwi es un alimento muy versátil, muy nutritivo. Debemos volver nuestra mirada a aquella herencia que nos han dejado los abuelos, al cultivo de este alimento tan beneficioso para la tierra como para la salud. Debe despertar la memoria del paladar”.

Para Mauge, el consumo de granos y leguminosas como la quinua, el tarwi y la cañahua es la respuesta para la alimentación saludable. Por sus altos niveles de fibra, proteína y calcio, el tarwi puede luchar contra los altos índices de cáncer de colon, de diabetes e hipertensión que se sufren en el país. El chuchusmuti tiene mucha fibra, ayuda a nivelar la glucosa en la sangre, a limpiar las arterias de grasa saturada y a prevenir la osteoporosis.

El tarwi es una de las leguminosas más versátiles. Se puede realizar repostería, dulces, leche vegetal, sopas, hamburguesas, puré, queso, ensaladas… No hay fin. “La flor y el fruto del tarwi son hermosos”, cuenta Mauge, inspirada por su deseo de compartir el poder del tarwi.

La única manera de mejorar esta situación es aumentando la demanda. En Bolivia apenas se consume entre 80 a 100 gramos de tarwi per cápita. Perú llega a los dos kilos y Ecuador consume casi cuatro kilos al año. En media taza de la leguminosa (100 gr), el 48% es proteína, supera fácilmente a la quinua o la soya. ¿Cómo no dedicarse a proclamar la buena nueva del tarwi?

Así nace Flor de Tarwi, hace 7 años. Ofrece galletas, galletones libres de gluten y leche de tarwi. En algunas ferias también ofrece comida, su especialidad es el ceviche de tarwi. Otro de sus productos es el té de manzana y zanahoria deshidratadas, que se realiza en hornos solares, que aprovechan el sol del altiplano. Flor de tarwi tiene página en Facebook y también se la puede encontrar dentro de la Plataforma de las Agrobolsas. Con estos contactos, encontrar tarwi no volverá a implicar una aventura por la ciudad.

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