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Trigidia Jiménez y la cañahua como un estilo de vida

Foto: Mark van Luyk

Trigidia Jiménez Franco es una mujer de origen quechua que, a pesar de los estereotipos de género, se dedicó a estudiar agricultura, pasión impulsada por los conocimientos heredados de su padre, quien además fue la única persona que la apoyó en su decisión. Años más tarde, se convertiría en la productora más grande de cañahua en Bolivia junto a su entonces esposo y también agricultor, Wilfredo Canaviri.  

Ambos, formaron un emprendimiento – y una relación impresionante con la cañahua – que incluso ha traspasado fronteras con el objetivo de visibilizar y fomentar el consumo de este grano andino, al cual se le otorgan múltiples beneficios y cualidades inigualables. 

¿Cómo comenzó a cultivar cañahua? 

Después de ejercer varios años la carrera como profesional, haciendo consultorías o trabajando en instituciones públicas, yo sentía que me gustaba la agronomía, pero lo que hacía en las oficinas no era lo mío, sentía que me faltaba algo. Entonces, yo iba a ayudar a mi suegra los fines de semana a cuidar a las ovejitas y algunas actividades agropecuarias, y es ahí donde yo me sentía muy cómoda y muy bien. 

Hay un momento en el que me pregunto qué estoy haciendo con mi profesión y si realmente lo que estoy haciendo me satisface o no, entonces hablé con mi esposo y le dije “yo creo que en vez de estar buscando trabajo politizado donde nos pueden despedir, debemos retomar nuestras raíces, hagamos una actividad los dos juntos, algo que nos apasione”. Mi esposo me apoyó y es así que yo me acuerdo, fui con mis niños pequeños a ayudar a mi suegra, el pan se había acabado y ellos estaban acostumbrados a tomar té con pan, fui al cuarto de mi suegra, sacó un saquillito y me ofreció pito de cañahua, yo no lo conocía. 

Entonces, les di a mis hijos como mazamorra y les gustó, empezamos a consumirla y vi que ellos comenzaron a mejorar mucho su calidad física, eran más fuertes. Entonces le dije a mi suegra “mamá yo no te voy a molestar cada vez, ¿por qué no me enseñas a sembrar?” Algo que nunca me voy a olvidar porque cambió mi vida fue cuando mi suegro gustoso me alcanzó un bidón amarillo con semillas de cañahua y me dijo que sembraríamos en una hectárea que no estaba destinada precisamente para la cañahua, pero tomamos la decisión de hacerlo. 

Tomó un puñado de semillas y las puso sobre mis manos, sentí como si hubiese pasado una corriente, como una energía; me conecté con una energía. Y mi suegro me dijo: “Esta es la semilla de cañahua, yo te voy a enseñar todo lo que debo enseñarte”. Y yo, sonriente, no sé por qué le dije: “Papá, un día vamos a exportar esto”. Yo no tenía conocimiento y me dijo: “Lindo sería pues, eso es lo que siempre he soñado”. 

Y en el 2015, exportamos la cañahua a Estados Unidos. Entonces ahí es donde comienza la historia de la cañahua y Trigidia Jiménez, en realidad, de la familia Canaviri-Jiménez.

Empezamos con una hectárea de cañahua, no teníamos infraestructura, debía estar alojada en la casita de mi suegra, pero cuando yo veo lo que tenemos me doy cuenta de que hemos avanzado mucho. A las semillas de cañahua yo las llamo mis “imillas”, y para mí, mis imillas han cambiado mi vida, mi perspectiva, me han dado nuevos valores, nuevos retos, me han enseñado a ser fuerte, a que cuando uno se cae hay que seguir adelante. 

No ha sido fácil llegar a donde llegamos, me caí 100 veces, pero me levanté las cien, siempre tomando en cuenta a la cañahua, un grano tan pequeñito, pero tan poderoso, que puede creer en condiciones tan adversas. Cuando la recuerdo así, pienso que mis problemas no son nada, entonces eso me da valor para seguir luchando, he encontrado la razón de mi vida. 

Hasta que muera vamos a seguir hablando de la cañahua, porque para mí la cañahua no es una opción, es una forma de vida, es mi esencia. 

¿Cuáles son los beneficios de este alimento?

Es un superalimento y lo sé por experiencia propia, a uno de mis hijos que no quería comer y teníamos que hacer malabares para que lo haga, le dimos la cañahua y desde ese día en el campo, mejoró mucho. Ahora es el más robusto, inteligente, el que siempre está de buen carácter. 

La cañahua mantiene la agilidad mental, te tiene en buen ánimo y hace que no sientas cansancio cuando realizas una fuerte actividad física, porque la cañahua dentro de los granos andinos, tiene el mayor porcentaje de hierro, el cual sirve para oxigenar la sangre y combatir la anemia. Es bueno para la memoria por su alto contenido en fósforo, tiene bastante magnesio, calcio, las tres Omegas (3, 6 y 9). Aparte de ser nutritiva, tiene poderes farmacéuticos, puede prevenir y controlar algunas enfermedades como la diabetes, presión alta, el sorojchi, la temperatura alta, diarrea y la fiebre tifoidea.

Tiene una coloración oscura, por lo que yo la llamo “el chocolate andino”. Es dueña de muchas características nutricionales, el problema es que hay que difundir y promocionar. 

¿Cómo ha visto la evolución de la producción y el consumo de los bolivianos de cañahua?

La cañahua es un cultivo que nace con la historia de Bolivia. Es de Tiwanaku, ahí la consumían solamente en días especiales, incluso cuando había un funeral, repartían un puñado de cañahua porque tiene ese don de aminorar la tristeza. En esa época había una buena producción por ser uno de los principales alimentos, pero luego de la Conquista Española llegaron otros productos que la reemplazaron, se la hizo a un lado porque no la conocían, entonces hubo muchos productores que tuvieron que ocultar la semilla porque estaba prohibida. 

Luego de la Conquista, quienes la guardaron la volvieron a sembrar y en los años 70, por el tema de la migración, casi queda en la extinción, ya que tampoco había un valor comercial, la producción solo estaba para el autoconsumo como pito, en sopas y el grano. En el 85 ya surgieron instituciones públicas que comenzaron a tener interés en este cultivo, pero es en los 90 cuando se le comienza a dar un valor comercial al pito y al grano de cañahua. 

Ya en los últimos años ha empezado a tomar un poco más de fuerza. De una media hectárea o una cuarta hectárea que se destinaba a la cañahua, muchas comunidades comenzaron a cultivar una, dos, cinco, 20, 30 y hasta 80 hectáreas como es el caso de “La Granja”, y es ahí donde fue incrementado la producción el valor agregado al grano, el pito y otros productos.

Ahora, podríamos decir que hay interés por nichos de mercado que cuidan su salud, pero sobre todo, el pito se vende solo, porque tiene una historia, pero para las nuevas generaciones se ha adecuado en propuestas de como hojuelas, pipocas, barras energéticas, el api y las sopas, todo porque se requerían nuevas opciones para consumir cañahua.

¿Cuántas hectáreas produce actualmente?

Un promedio de 80 a 100 hectáreas por ciclo agrícola.

¿Cómo es el proceso para producir la cañahua?

El cultivo de la cañahua en la zona es de ciclo corto, es como de 120 días. Las ventajas del cultivo de la cañahua son que se necesita muy poca agua, es resistente a las heladas, al frío y se ha logrado a adaptar a los cambios climáticos. 

Hasta el 2010 producíamos y comercializábamos la materia prima que es el grano, hacíamos el pito para consumo familiar y ferias pequeñas, pero desde el 2010 lo tomamos como las alternativas y hasta el 2017 hacíamos de manera artesanal el pito, las pipocas y el grano, pero en 2018 se ha consolidado una planta de transformación en la cual hemos empezado a producir los nuevos productos en una planta con categoría semi industrial. 

Este año vamos a lanzar una tienda en Cochabamba hasta octubre y noviembre para posicionarnos y pronto tenemos planes para extendernos a La Paz y Santa Cruz. 

¿Cuál es su producto más consumido?

El pito, pero para consumirlo se tiene otras opciones que fortifiquen su valor nutricional, ahí entra el tema de innovación. La gente piensa que es la única forma de consumir cañahua, cuando le ofreces otra forma desconfían. 

¿Cuál es el departamento que más consume este ingrediente? 

La Paz y Oruro. 

¿Cuáles son sus planes futuros?

En el tema de producción de materia prima queremos ser la empresa que produzca más cañahua, produzca una semilla de calidad y que pueda generar tecnología para la producción y cosecha de cañahua. También, queremos hacer una incidencia económica-social en la zona, en el municipio de Toledo. Esas son nuestras metas a mediano y largo plazo como “Granja Samiri”.

En el tema de transformación, queremos ser una empresa especializada en cañahua que pueda posicionarla en la canasta familiar de los bolivianos, que puedan acceder en precio y calidad y que logren mejorar su calidad de vida. Vamos a seguir generando innovaciones para hacer más atractivo el consumo de la cañahua y a largo plazo quizás podremos exportar si las condiciones se presentan.

Como mujer boliviana me interesa principalmente el mercado nacional, porque creo que primero nosotros deberíamos alimentarnos bien. Si hay un excedente, entonces se puede exportar. 

Trigidia y Wilfredo - Foto: Mark van Luyk
Trigidia y Wilfredo – Foto: Mark van Luyk

¿Qué relación tiene actualmente con la cañahua?

Mi relación es más allá de ser una actividad económica, es una relación de energía. La vida me ha enseñado que cada uno de nosotros llegamos con un objetivo y una cualidad. Entonces, creo que yo he encontrado con la cañahua lo que he venido a hacer en la tierra, primero a enamorarme de ella y luego hacer que otros se enamoren. 

Es un legado que tengo, de transmitir todo mi conocimiento acerca de la cañahua. Parto de que, si el conocimiento no se comparte, no sirve. Para mí la cañahua es mi vida, mi energía, pero lo más bonito es que la he conocido con un entorno sociocultural del saber hacer. 

La formación que tuve también contribuyó mucho para tener una visión de dignificar y recurrir al conocimiento científico, una mezcla que ha salido muy bien y nos sirve para generar una agricultura más sostenible y sustentable en el tiempo.  

¿Qué opina de los cereales andinos?

Un grano andino con una leguminosa es una combinación perfecta. Con IVOS hemos impulsado el consumo de las Fantásticas Andinas (el tarwi, la cañahua, el amaranto y la quinua) como superalimentos para mejorar la calidad nutritiva de las nuevas generaciones de niños y jóvenes que basan su alimentación en comida que no es nutritiva. 

¿Cómo aconsejaría usted introducirlos a nuestra dieta diaria?

El mercado determina la producción, pero yo veo que hay una brecha de conocimiento sobre la cañahua entre el consumidor final y ella, mucha gente no la conoce, sobre todo las nuevas generaciones que no han tenido la capacidad de acceder a ella. La brecha no deja que las oportunidades crezcan, por lo que debemos cerrarla haciendo un trabajo conjunto. 

Los productores y comercializadores solos no lo vamos a poder hacer, tiene que haber una alianza estratégica entre las instituciones privadas, públicas y cooperantes para que se pueda hacer una estrategia comercial de posicionamiento de la cañahua. La responsabilidad del productor es producir cañahua para el presente y para el futuro, cuidando el medio ambiente, no haciendo una sobreexplotación del suelo y produciendo un alimento sano y sin químicos. 

La responsabilidad de los comercializadores es innovar en una línea de productos con una tecnología amigable y del consumidor, exigir productos amigables con el medio ambiente. Con las demás Fantásticas la situación es similar, incluso debería haber una incidencia política para que en el currículum escolar exista una materia que hable exclusivamente de alimentación. 

¿Cuál es su forma favorita de consumir cañahua?

Yo la consumo durante el día, pero la forma que más me gusta es en el pito, también consumo las galletitas y las barras energéticas bastante, siempre las tengo en mi cartera.

¿Cómo recomienda a la gente introducir a la cañahua a su alimentación?

Yo creo que se puede empezar con el pito, porque ese producto ya está listo y se puede consumir con leche, chocolate, tipo mazamorra, con café en la noche, ya que es como un Red Bull natural, en un refresco con agua de canela y limón, en jugos, ensaladas o espolvoreándolo en el helado; es una forma muy práctica de consumir cañahua. 

Ya cuando vean el resultado en la salud, comenzarán a investigar más cosas. 

Trigidia presentando a la cañahua - Foto: Correo Del Sur
Trigidia presentando a la cañahua – Foto: Correo Del Sur

¿Cómo es su rutina diaria?

Yo sí que ando muy ocupada, como mi esposo ha fallecido, tengo una responsabilidad más que asumir que es la producción y materia prima, entonces hago una agenda diaria y en los tiempos planifico y hago seguimiento en cuanto a la producción y comercialización. Mi trabajo es más gerencial, de gestionar. 

El trabajo a veces exige estar hasta media noche y levantarte temprano o viajar, pero cuando haces lo que te apasiona no es trabajo, no es aburrido, sino emocionante.  

¿Cómo ha afectado la pandemia a la producción de cañahua y a su vida personal?

Yo voy a tener un recuerdo muy amargo de la pandemia, porque justamente mi esposo falleció con esa enfermedad y ha sido un golpe muy duro para mí, mi hijo también ha quedado muy delicado, pero gracias a Dios se ha recuperado. 

Mi esposo era mi mejor socio, pero me quedo fortalecida porque ha preparado a una mujer muy fuerte, capaz de seguir adelante aún sin él, de soñar y de darlo todo por la cañahua. Tengo a mis hijos y muchos sueños aún por cumplir.

En cuanto a la planta misma, sí ha afectado a la producción, la demanda de productos ha bajado, pero sí hemos tenido una buena demanda de materia prima, en eso sí nos fue muy bien. 

¿Qué opina de la gastronomía boliviana? 

Es lo mejor que hay, porque dentro de esa diversidad de sabores, regiones y opciones, cada sector tiene su potencialidad, hay platos muy típicos, arraigados, con una raíz muy profunda. Pero, también hay propuestas en la cocina gourmet de una combinación de sabores en las que puedes encontrar en un plato, por ejemplo, chocolate de Santa Cruz, la leche de cabra de Tupiza y una infinidad de cosas que hacen ser a la gastronomía boliviana lo mejor que tenemos. 

Hay que combinar las técnicas ancestrales con las nuevas. Es interesante, por ejemplo, ver a la cañahua en un graneado o verla de repente en hojuelas en un tradicional silpancho vegano; es un salto grande. 

¿Qué le quisiera transmitir a la población boliviana?

Como productora y transformadora quisiera decirles que detrás de cada alimento producido ya sea de manera natural o transformado, hay una historia de trabajo, sacrificio, fe y amor a la comida. La decisión que tome el consumidor de qué es con lo que se va a alimentar determina el futuro de muchas familias. Entonces, para mí el consumidor final es muy importante en cuanto a la calidad, transformación y empaque, que ellos sepan que la decisión que tomen es determinante. 

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