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Miel: dulce medicinal

El primer registro de mantener abejas en colmenas se encontró en el templo del sol erigido en 2400 AC cerca de El Cairo. La abeja aparece con frecuencia en los jeroglíficos egipcios y, siendo favorecida por los faraones, a menudo simboliza la realeza.

Los antiguos egipcios usaban la miel como edulcorante y como un regalo para sus dioses. Los pasteles de miel fueron horneados por los egipcios y utilizados como una ofrenda para aplacar a los dioses. Los griegos también hicieron pasteles de miel y se los ofrecieron a los dioses.

Los griegos veían la miel no solo como un alimento importante, sino también como una medicina curativa. Los libros de recetas griegas estaban llenos de dulces y pasteles hechos de miel. Los quesos se mezclaron con miel para hacer pasteles de queso, descritos por Eurípides en el siglo V a. C. como “empapados a fondo en la rica miel de la abeja dorada”.

Los romanos también usaban la miel como un regalo para los dioses y la usaban ampliamente en la cocina. La apicultura floreció en todo el imperio romano.

Una vez que se estableció el cristianismo, la producción de miel y cera de abejas aumentó enormemente para satisfacer la demanda de velas de la iglesia.

La miel continuó siendo importante en Europa hasta el Renacimiento, cuando la llegada del azúcar desde más lejos significaba que la miel se usaba menos. En el siglo XVII, el azúcar se usaba regularmente como edulcorante y la miel se usaba aún menos. Como se pensaba que las abejas tenían poderes especiales, a menudo se usaban como emblemas.

La miel en Bolivia

Cochabamba lidera el consumo de miel con 1,7 kilogramos per cápita al año, superando el promedio nacional que llega a los 600 gramos.

La población cochabambina consume mayor cantidad de miel al año, seguida por La Paz que alcanza un consumo de 1,1 kilogramos y Tarija que bordea los 1 kilogramos per cápita al año, según los datos de la Federación de Apicultores de Cochabamba.

El objetivo de los apicultores es incrementar el consumo per cápita a 2,5 kilogramos en un plazo de cinco años, potenciando la al sector con políticas de incentivo a la producción de miel.

Pese al incremento de producción de miel en el departamento, la demanda supera a la oferta. En 2016, la producción de miel fue de 250 toneladas, logrando un movimiento económico de más de 8 millones de bolivianos.  

Según informes de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), Cochabamba ocupa el primer lugar entre productores de miel en Bolivia, seguido de Chuquisaca, Santa Cruz, Tarija y La Paz.

En Cochabamba son 42 de los 47 municipios donde se practica la apicultura generando el apoyo de instancias gubernamentales a los más de 5.700 productores, que producen 250 toneladas de miel.

Por último, vale remarcar que para vivir de la producción de miel, cada uno de los apicultores necesita tener al menos 20 colmenas; cada colmena produce dos kilos de miel al mes y se logra un movimiento económico de 2 mil bolivianos, tomando en cuenta que el precio de cada kilo está a 50 bolivianos.

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